
Comentaba en mi post anterior ¿Qué pasarÃa si te quitasen el despacho?, que siempre hay una retahÃla de objeciones, algunas en nombre de los intereses de la empresa, para justificar la idea de mantener un despacho.
El cambio de cultura supone sobre todo un conflicto emocional y psicológico individual. No es nada sencillo aceptar el cambio, pero si además conlleva la pérdida de un privilegio ganado “a pulsoâ€, la pérdida de la imagen de poder que hemos logrado alcanzar y del reconocimiento que nos distingue de los demás, la resistencia es aún mucho mayor.
Hay empleados que tienen la convicción de que en su empresa no eres nadie si no tienes despacho, de que si te lo quitan es una vergüenza y una mancha en tu carrera, que pierdes la autoridad y el respeto de tus subordinados, que pierdes credibilidad ante el cliente que viene a visitarte. Hay incluso quien lleva toda la vida luchando porque le reconozcan su trayectoria y esfuerzo dándole un despacho.
¿Cómo no van a sufrir estas personas si se les “quita†el despacho?. No hay que hacer un ejercicio de empatÃa muy grande para entenderles. Se pueden llegar a sentir tan frustrados y en algunos casos tan injustamente tratados, que pierden de vista su compromiso con la Empresa: que los resultados y el bienestar de la CompañÃa están por encima del suyo propio y por supuesto de su ego. Y ha de pasar algún tiempo hasta que pueden enfocar el asunto desde otra perspectiva y ver sus ventajas: ahora tendrán la oportunidad de despojarse de todos esos clichés y de centrarse en alcanzar las verdaderas señas de identidad de un top manager.
Eliminar la barreras fÃsicas y todos esos estereotipos, les permitirá estar más cerca de su gente ya que aumentarán las posibilidades de trato directo, de comunicación espontánea y de couching continuo. Posibilitará también una cercanÃa emocional que facilitará la sensación de equipo y de confianza mutua. Las probabilidades de sacar lo mejor de nuestra gente y de nosotros mismos, aumentan en la medida en que quitamos muros y puertas, compartimos espacio e inquietudes y nos ganamos el respeto de los demás por nuestros propios méritos profesionales y el estilo con que lideramos, en lugar de por el rango que tengamos o lo que intimide nuestro despacho.
Pero este cambio en la manera de pensar y de actuar no solo afecta a los managers y directivos. Es un cambio de cultura que afecta a todos los empleados y todos deberán interpretar el hecho de que desaparezcan los despachos, no como un ejercicio forzoso de humildad ni como una ocasión de satisfacción por la frustración de otros, sino como la oportunidad de construir entre todos una CompañÃa a la que le importan sobre todo las personas y donde se siguen buscando elevados niveles de excelencia y productividad, pero con una cultura y un estilo de dirección diferentes.
El tiempo que se tarde en asimilar el cambio y el éxito final de su adopción, depende de cómo se gestione. La Gestión del Cambio debe de actuar desde el primer momento, desde el mismo instante en que se plantea la posibilidad de que desaparezcan los despachos de una oficina.